Nota corta sobre el amor a distancia.
Liliana Fernandez, una amiga del colegio me pidió que escribiera sobre la amistad y del cariño aunque se este lejos. Confieso que al principio me pareció un tema de autoayuda, pero aquí mientras reflexiono pienso en eso.
Se puede mantener el mismo amor (familiar, de pareja, de amigos) a pesar de la distancia?.
Creo que el asunto era casi imposible hasta la llegada de la tecnología, esa hada madrina actual que nos ayuda a mantenernos cerca. Ese teletransportador que veíamos tan lejano en las películas sobre el futuro y que ahora tenemos tan cerca.
Después del facebook reencontré gente que jamás pensé volver a ver, y en muchos casos tampoco los he visto, pero los siento muy cerca por los chateos y el hecho de compartir nuevamente.
Lo más increíble de toda esta experiencia de amor y distancia es justamente el lado contrario. En esta loca sociedad en la que vivimos pareciera más fácil contactarnos con los que están lejos que con los que están cerca.
Es cada vez mayor los niños y adolescentes que veo acompañando a sus padres a un paseo o a una cena y están, pero no están. Porque viven pegados a los celulares, seguramente chateando y contándole al mundo lo que piensan y dónde están... desde su burbuja particular.
Las parejas, en las casa, cada uno en su computadora hablando con amigos y familia olvidan el beso de las mañanas por el apuro de poner cómo amanecieron en su timeline.
No juzgo, yo he caído en ese autismo de la realidad y en ese encompinchamiento virtual.
Quiero que el cariño sea el mismo, en mi casa, con mi gente, mis amores, los que están a mi lado. Los que están lejos? Tendrán que esperar que responda: el cómo estás de mi mamá, que converse con mi esposo, juegue con mis perros, para entonces poder presionar botones para poder hablar.
Y si, lo siento porque la distancia rompe la cotidianidad, pero así es. Así nos tocó vivir.
Se puede mantener el mismo amor (familiar, de pareja, de amigos) a pesar de la distancia?.
Creo que el asunto era casi imposible hasta la llegada de la tecnología, esa hada madrina actual que nos ayuda a mantenernos cerca. Ese teletransportador que veíamos tan lejano en las películas sobre el futuro y que ahora tenemos tan cerca.
Después del facebook reencontré gente que jamás pensé volver a ver, y en muchos casos tampoco los he visto, pero los siento muy cerca por los chateos y el hecho de compartir nuevamente.
Lo más increíble de toda esta experiencia de amor y distancia es justamente el lado contrario. En esta loca sociedad en la que vivimos pareciera más fácil contactarnos con los que están lejos que con los que están cerca.
Es cada vez mayor los niños y adolescentes que veo acompañando a sus padres a un paseo o a una cena y están, pero no están. Porque viven pegados a los celulares, seguramente chateando y contándole al mundo lo que piensan y dónde están... desde su burbuja particular.
Las parejas, en las casa, cada uno en su computadora hablando con amigos y familia olvidan el beso de las mañanas por el apuro de poner cómo amanecieron en su timeline.
No juzgo, yo he caído en ese autismo de la realidad y en ese encompinchamiento virtual.
Quiero que el cariño sea el mismo, en mi casa, con mi gente, mis amores, los que están a mi lado. Los que están lejos? Tendrán que esperar que responda: el cómo estás de mi mamá, que converse con mi esposo, juegue con mis perros, para entonces poder presionar botones para poder hablar.
Y si, lo siento porque la distancia rompe la cotidianidad, pero así es. Así nos tocó vivir.


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